El Encuentro Un día como cualquier otro se encontraron. Uno dijo: "Te veo." El otro dijo: "Te siento." El que veía no sabía que el otro no podía verlo. El que tocaba no sabía que el otro no podía sentirlo. Entonces el vidente cerró los ojos y extendió la mano. Entonces el táctil abrió los brazos y se dejó mirar. Y por un instante, breve como un parpadeo, el mundo fue completo: lo que se ve y lo que se toca, lo lejano y lo cercano, la imagen y la presencia, la luz y la piel. Uno aprendió que ver no basta. El otro aprendió que tocar no alcanza. Y juntos, por fin, supieron qué era el mundo: no la vista, no el tacto, sino el instante en que ambos se encuentran.
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